RAYUELA: Las 100 mejores frases

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Rayuela, Julio Cortázar (1962)

Rayuela es, sin duda, la novela más famosa de Julio Cortázar, el escritor argentino del Boom latinoamericano. Cortázar es reconocido por su uso del lenguaje y por su maestría cuentística.

En Rayuela las frases de amor y existenciales son mundialmente conocidas. Estas son las mejores frases de Rayuela de Julio cortázar.

► Reseña muy completa y recomendada de Rayuela de Julio Cortázar.

Mejores frases de Rayuela de Julio Cortázar

Hay ausencias que representan un verdadero triunfo.

Pobre amor el que de pensamiento se alimenta.

Total parcial: te quiero. Total general: te amo.

La explicación es un error bien vestido.

Entornando sus ojos verdes de una hermosura maligna.

Hubieran querido arrebatarle el Cielo pero era inútil…

Hay que abrir puertas y ventanas al espíritu.

Si te caes te levanto y sino me acuesto contigo.

Ya para entonces me había dado cuenta de que buscar era mi signo, emblema de los que salen de noche sin propósito fijo, razón de los matadores de brújulas.

El problema de la realidad no se enfrenta con suspiros.

No puede ser que estemos aquí para no poder ser.

Buscás algo que no sabés lo que es.

La claridad es una exigencia intelectual y nada más.

Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.

Hace rato que no me acuesto con las palabras. Las sigo usando, como vos y como todos, pero las cepillo muchísimo antes de ponérmelas.

¡Música! Melancólico alimento para los que vivimos de amor.

Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con pareja intensidad.

Nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo.

Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito.

Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues

Déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos.

Soy un incurable, che. Hablar de despertarse cuando se está tan bien así dormido.

Uno cree que va a explicar algo, y cada vez es peor.

Todo me decía que apenas recobrara la independencia dejaría de sentirme libre.

Por supuesto que nos encontraremos mágicamente en los sitios más extraños.

“Te prometo una cosa: acordarme de vos a último momento para que sea todavía más amargo.

Cómo podía yo sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero…

Espero cualquier cosa de esta noche, hay como una atmósfera de fin del mundo.

Pero lo malo del sueño no es el sueño. Lo malo es eso que llaman despertarse…

Quiero esto, quiero aquello, quiero el norte y el sur y todo al mismo tiempo.

Oh, mi amor, te extraño, me dolés en la piel, en la garganta, cada vez que respiro es como si el vacío me entrara en el pecho donde ya no estás.

Es mucho más fácil hablar de las cosas tristes que de las alegres.

Para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.

Sintió una especie de ternura rencorosa, algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma.

Vamos a hacer café, a esta hora se siente la noche aunque no se la vea.

No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mí.

La felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad.

Había tanto tiempo perdido en vos, eras de tal manera el molde de lo que hubieras podido ser.

Sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas.

Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.

► Kundera, La fiesta de la insignificancia (mejores frases)

Me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado…

¿Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentar las nociones del orden y de desorden?

Cada vez que respiro es como si el vacío me entrara en el pecho donde ya no estás.

Después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás.

Mirá, un mate es como un punto y aparte. Uno lo toma y después se puede empezar un nuevo párrafo.

A veces me convenzo de que la estupidez se llama triángulo, de que ocho por ocho es la locura o un perro.

No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosísimo desapego y crítico, pero después caíamos en silencios terribles…

No es que haya que vivir, puesto que la vida nos es fatalmente dada… La vida se vive a sí misma, nos guste o no.

Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos.

(…) Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.

Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.

En cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra.

Desde que te conozco no hacés más que buscar, pero uno tiene la sensación de que ya llevás en el bolsillo lo que andás buscando.

La gente se cree amiga porque coincide algunas horas por semana en un sofá, una película, a veces una cama, o porque le toca hacer el mismo trabajo en la oficina.

Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad.

Un día se dio cuenta de que sus amores eran impuros porque presuponían esa esperanza, mientras que el verdadero amante amaba sin esperar nada fuera del amor, aceptando ciegamente que el día se volviera más azul y la noche más dulce y el tranvía menos incómodo.

Lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar.

Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía, en el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.

Nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

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